-¿Qué es?¿Qué es?
-(...)¿En qué sórdido asunto se han metido ahora? Es decir,flaco ¿adónde vas?¿Adónde vas América, en tu reluciente coche a través de la noche?
En medio del temor y las sospechas, con espíritu agitado y ojos de pavor, nos consumimos y planeamos cómo hacer para evitar el seguro peligro que así terriblemente nos amenaza. Y sin embargo estamos equivocados, ése no está en nuestro camino: falsos eran los mensajes (o no los escuchamos, o no los entendimos bien). Otra catástrofe, que no la imaginábamos, repentina, violenta cae sobre nosotros y no preparados -de dónde tiempo ya- nos arrebata.
Variaciones irrespetuosas y tardías
sobre un tema de Cavafis.
¿Qué hace la gente que no va a la Plaza / se queda mirando la tele / encerrada?
Es que llegan los rubios / que siempre dan / mucho mejor / en la pantalla.
¿Por qué el Congreso está trabado / y hay tantos que no quieren / hacer nada?
Esperan que los rubios / digan qué leyes /
consideran /
necesarias.
¿Por qué los precios han subido tanto / con toda la comida / remarcada?
Es que los empresarios quieren / regalar a los rubios / su profecía / confirmada.
¿Por qué la gente no va a la iglesia / sino a los bancos / a rezar / cada mañana?
Porque los rubios piden / creer en el mercado o reventar / palabra santa.
¿Pero por qué recelan todos / con cierta inquietud / en la mirada?
Porque los rubios eran / la solución /
pero no son /
serán la Nada.
Si a los bárbaros / con equívoca ilusión / el poeta les cantó y los esperaba /
estos prolijos rubios / nos harán extrañar / a la barbarie y la negrada.
Porque una cosa / viejo y sabio Cavafis / es un imperio decadente / en retirada
y otra / una tonta patria que le pone /
la alfombra roja al rubio /
y se regala.
domingo, noviembre 01, 2015
En busca del Tiempo Perdido - Alguna alegoría
De todos modos, la niebla
que desde la víspera se había alzado en el mismo París no sólo me hacía pensar
sin tregua en la tierra natal de la muchacha a quien acababa de invitar, sino
que, como era probable que, mucho más densa aún que en la ciudad, habría de
invadir al atardecer el Bosque, sobre todo a la orilla del lago, pensaba yo que
convertiría un poco para mí la isla de los Cisnes en la isla de Bretaña, cuya
atmósfera marítima y brumosa había rodeado siempre a mis ojos como una
vestidura la pálida silueta de la señora de Stermaria. Realmente, cuando es uno
joven, a la edad en que tenía yo cuando mis paseos del lado de Méséglise,
nuestro deseo, nuestra creencia confieren al vestido de una mujer una
particularidad individual, una irreductible esencia. Persigue uno la realidad.
Pero, en fuerza de dejarla escapar, acaba por observarse que a través de todas
esas varias tentativas en que hemos encontrado la inanidad subsiste algo
sólido, y es lo que se buscaba. Empieza uno a despejar, a conocer aquello que
ama; trata de procurárselo, aunque sea a costa de un artificio. Entonces, a
falta de la creencia desaparecida, la costumbre significa un suplir esa
creencia mediante una ilusión voluntaria. De sobra sabía yo que no iba a
encontrar a media hora de casa la Bretaña. Pero al pasearme de bracete con la
señora de Stermaria por las tinieblas de la isla, a la orilla del agua, haría
como otros que, ya que no pueden entrar en un convento, por lo menos, antes de
poseer a una mujer, la visten de religiosa.
él feliz que escuchaba a los ángeles susurrándole al
oído en las noches
su triste psiquiatra volvía cada noche a su inmenso caserón aterrado de
silencio
EL CANTO DEL
CISNE
Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
JACOBO FIJMAN
miércoles, marzo 28, 2012
Del Kerouac, "En el Camino"
"Ella le amaba locamente, pero de un modo delirante; no había muestras de externas de cariño ni remilgos, sólo conversación y una profundísima camaradería que ninguno de nosotros conseguía penetrar"
Alguna vez pasó entre mis manos y se me enredó entre los dedos. Ahí sigue tras el paso del tiempo...
El libro está dedicado a sus padres y a sus hijos...
EL MÚSICO
Acongojado llora
con sus débiles dedos
la furia y el odio
y el lodo
que fue su origen.
Las cuerdas de su instrumento
como míseros revólveres
o quizá tendones de un dios ebrio,
cantan.
Y es sólo penumbras
el despertar de su hora tardía.
Y es sólo tiniebla
el entornar pequeño de sus ojos.
El músico está allí
donde el dolor no puede confundirse
con los ecos del demonio.
El músico es por fin
la tenebrosa ansiedad
de no volverse loco por el tiempo.
La vida que no recuerda nada,
el antiguo reloj en el que cayeron las lluvias.
Su soplido, fresco rechinar del abismo, cae.
Y su cuerpo de quimera y cárceles
va ensordeciéndose del cielo,
y quejándose de la soledad
que pudo por lo menos haber sido incomprensible.
Y así se materializan
los pensamientos del músico
como cruces que se encuentran
acostadas en el vientre.
Y locas las guirnaldas del verano
entreabren su pudor
y se escucha el sonido.
Luis Alberto Spinetta, Guitarra Negra, Ediciones TRES TIEMPOS S.R.L., Buenos Aires, 1978
Roque Dalton, poeta de El Salvador, un revolucionario, intelectual, escritor, más conocido por su poesía y sus búsquedas revolucionarias tanto en el papel como en sus montes salvadoreños. Este poema pertenece a sus últimos textos en la clandestinidad, bajo otro nombre y otro estilo, en cada uno de sus heterónimos como si fuera un lúcido Pessoa que lucha por poner un poco de razón revolucionaria
COMO TÚ
Yo, como tú, amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos.